El deterioro de la calidad del agua, un problema de todos

El ser humano ha desarrollado su vida procurando la proximidad a los cursos hídricos porque así podía cubrir sus necesidades alimentarias, agrícolas y ganaderas. Esto era posible porque el agua era óptima en calidad y cantidad y permitía la vida de los seres vivos, sus ecosistemas y el desarrollo de sus actividades. 

A día de hoy, gracias a todos los avances de los que disfrutamos, no es necesario vivir cerca de estos enclaves para disfrutar de agua potable, pero la cara oculta es que nos ha desconectado de nuestros ríos. Tanto es así que en la sociedad actual los ríos no nos interesan ni desde su perspectiva científica, ni histórica, ni cultural ni tampoco paisajística y ese desinterés rampante nos deja ríos que apenas gozan de caudal o, si lo tienen, se encuentran altamente contaminados por residuos de diversa tipología.

Es evidente que este escenario no debería estar produciéndose, dado que desde las administraciones públicas hay objetivos encaminados al monitoreo y al aseguramiento del buen estado de los cursos de agua (Directiva Marco del Agua). Igualmente, existen normativas específicas que amparan el dominio público del agua (texto refundido de la Ley de Aguas), y a poco que buceemos en legislación ambiental estatal o autonómica, queda clara la relevancia que se le da a las aguas continentales y a su afectación. 

Entonces, ¿por qué seguimos encontrándonos estas estampas?

La mala calidad del agua de nuestros cursos se debe fundamentalmente a un problema cultural. Sigue habiendo una parte importante del tejido empresarial que no es consciente de cómo su actividad está afectando a nuestros ríos. O peor, lo saben pero prefieren mirar a otro lado en aras de los mejores resultados empresariales. ¡Pan para hoy… Hambre para mañana! 

Uno de los principales problemas son los vertidos ilegales y el exceso de nutrientes (nitrógeno y fósforo) que llegan a los ríos debido al uso de fertilizantes en la agricultura y la ganadería, que luego se filtran al suelo y acaban en los acuíferos y en nuestros ríos. Estas altas concentraciones de contaminantes normalmente provienen de vertidos continuos que imposibilitan la capacidad natural de autorregulación del medio y, por ende, afectan gravemente a la biodiversidad

La situación se ha agravado en las últimas décadas porque en España mucho suelo de secano, o sin uso definido, se ha convertido en suelo de regadío cuyos cultivos demandan altas cantidades de agua y el consiguiente aporte de fertilizantes.

Contaminación por nitratos en un río cerca del Parque Nacional de las Tablas de Daimiel
Análisis de variables físico-químicas de agua superficial de diferentes tramos de río

Desde Cocircular hacemos un llamamiento al tejido empresarial español para que, en un ejercicio de solidaridad genuina, abandone las prácticas contaminantes que ponen en jaque los recursos naturales y empiecen a repensar sus actividades en el marco de una filosofía del triple impacto (económico, social y medioambiental).

Por otro lado, valoramos positivamente los esfuerzos legales de la administración pública pero pedimos un giro radical en su implicación para hacer cumplir la legislación identificando los focos de contaminación, estableciendo planes de actuación concretos, imponiendo sanciones disuasorias y llevando a cabo una planificación que tenga en cuenta que se trata de un bien muy escaso, de pronóstico complicadísimo a medio plazo debido al contexto actual de cambio climático en el que nos encontramos.

Autora: Noelia Ruiz

Por favor, activa JavaScript en tu navegador para completar este formulario.

APÚNTATE A NUESTRA NEWSLETTER

…Y recibe información detallada, novedades y asuntos
normativos del sector de los residuos

Acepto politica de privacidad de Cocircular