La moda de hoy, los residuos de mañana

Hoy hablamos de moda. 

Actualmente se fabrican a diario miles de toneladas de productos textiles. La ONU señala que la industria textil se encuentra entre las más contaminantes del mundo ya que la mayor parte de su materia prima procede de derivados del petróleo, genera elevadas emisiones de CO2, consume ingentes cantidades de agua en su proceso de producción y para su manufactura se utilizan colorantes y productos químicos que muchas veces afectan a las fuentes hídricas, contaminando ríos, lagos, e incluso el agua que bebemos. 

Pero además, está el problema del textil como residuo. El enfoque del mundo de la moda es un auténtico disparate por dos razones fundamentales. En primer lugar, porque la moda se ha construido sobre el ADN de la impermanencia: las nuevas colecciones se suceden vertiginosamente y, por si fuera poco, en las últimas décadas los fabricantes han apostado inmoralmente por la obsolescencia programada para acelerar los ciclos de consumo. Todos hemos experimentado la frustración de los jerséis con pelotillas en la primera puesta, de las camisetas que transparentan por zonas a las pocas lavadas, de la ropa que da de sí misteriosamente… ¿Y qué hacemos con esas prendas? Pues… ¡a la basura! Por ello WWF ya ha alertado de que “cada segundo llega al vertedero (o se quema) el equivalente a un camión lleno de ropa”.

Vertedero de residuos textiles | Pinker moda
Derrumbe de edificio en Bangladesh | El Mundo

Por su parte, las grandes empresas que lideran la industria textil siguen estando mayoritariamente enfocadas en maximizar beneficios a costa de estrujar los costes y eso hace que sigan fabricando mayoritariamente en países como China o Bangladesh que siguen sin asumir compromisos fehacientes con los derechos humanos, ni con el medioambiente.

Greenwashing: la realidad detrás del verde

A esto se suma el problema del blanqueo ecológico o greenwashing con etiquetados “verdes” que no están respaldados por ningún sistema de certificación, de forma que confunden a aquellos consumidores que ya están intentando contribuir a acelerar la transición ecológica tomando decisiones de compra conscientes.

Esta problemática global ha activado a la UE en varias direcciónes. Por un lado la Directiva 2018/851 ha establecido la obligación a los Estados Miembros de implantar sistemas de recogida selectiva de los residuos textiles con objetivos específicos de reutilización y reciclado. Y por otro lado se está tramitando una propuesta de Directiva del Parlamento Europeo y del Consejo que modifica las Directivas 2005/29/CE y 2011/83/UE en lo que respecta al empoderamiento de los consumidores para la transición ecológica mediante una mejor protección contra las prácticas desleales y una mejor información.

Desde Cocircular recalcamos el papel clave que ejercemos los consumidores para no seguir alimentando a “la bestia”. Antes de consumir pensemos si realmente lo necesitamos. Hagamos comparativas, ya que, frente a las marcas que optan por ofrecernos ropa barata y de calidad mediocre, existen otras marcas que apuestan por productos duraderos y de buena calidad, que respetan los derechos humanos favoreciendo el bienestar social y la dignidad humana, que fabrican en sus propios países mitigando las emisiones de CO2 y que se toman en serio el cuidado del medio ambiente en todos sus procesos y decisiones estratégicas. Si, es un poco más caro, pero ¿de verdad necesitamos darle una vuelta integral a nuestros armarios cada 5 años? 

En definitiva, ¡apostemos por las empresas que cuidan a todos sus stakeholders, que es lo que el siglo XXI está pidiendo a gritos!

Autora: Noelia Ruiz

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